miércoles, 10 de septiembre de 2014

¡Cuánta sensibilidad!

Esto de llevar las orejas siempre puestas es lo que tiene. Resulta que la Administración contempla sesiones lectivas de 45 o de 60 minutos porque la hoja de cálculo que utiliza está así configurada. Entonces, utilizando este criterio cargado de fundamentos pedagógicos, estándares de aprendizaje y calidad educativa, me encuentro con que los grupos que tienen su única sesión semanal en esas franjas de 45 minutos, pierden el 25% de carga lectiva, o lo que es lo mismo: la cuarta parte del tiempo que le correspondería. Y todo esto con el beneplácito de la Inspección Educativa que no pasa un horario cuando a las matemáticas o a la lengua castellana les faltan 15 minutos (un 5% o un 6% de la carga lectiva semanal, respectivamente). Claro que cuando además oyes que a la hora de confeccionar los horarios se ha tenido en cuenta que las asignaturas importantes se desarrollen en horas completas y en las sesiones de menor fatiga (primeras horas de la mañana) hasta donde sea posible me entra un nosequé por nosédónde y me dan ganas de buscar otro trabajo, pero no: levanto la mano y comienzo mi exposición por un breve resumen de lo dicho: "ya sé que la asignatura que imparto no es importante..." se alza un murmullo de desaprobación: no, no... Y yo digo sí, sí. A las pruebas me remito.
Por cierto, se me olvidaba: soy maestro de música (y vengo de Marte)

sábado, 6 de septiembre de 2014

La antiguedad

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Esto de ser funcionario es lo que tiene: al final lo único que cuenta es la antigüedad. Si eres el que más años lleva en el cole o tienes muchos años de servicio tienes muchos derechos si no te fastidias. Y esta cuestión nos lleva a situaciones lamentables y nos permite escoger casi todo, hasta los metros cuadrados del aula. Y esto me lleva a contar algo que vi en mi primer año de prácticas: dos maestros dándose una somanta de palos en un colegio porque a uno de ellos le había correspondido el aula que el otro quería. Yo, inocente estudiante henchido de ilusiones docentes y valores pedagógicos, no acertaba a entender lo que pasaba hasta que un funcionario me lo explicó: "Es que Fulanito es más antiguo que Zutanito y tiene que dar clase en el primer piso que es donde están las aulas de sexto de EGB". Y entonces, ingenuo de mi, pregunté: "Pero, si quiere estar en la planta baja ¿por qué no escoge un primero?". El funcionario me miró con esa cara de paternalismo sobreprotector de quien cree que ya viene de vuelta de la vida y me espetó mirándome a los ojos: "Cuando seas funcionario lo entenderás". Bueno, pues soy funcionario desde hace 23 años y sigo sin entenderlo.