Esto de llevar las orejas siempre puestas es lo que tiene.
Resulta que la Administración contempla sesiones lectivas de 45 o de 60 minutos
porque la hoja de cálculo que utiliza está así configurada. Entonces, utilizando este criterio cargado de fundamentos pedagógicos, estándares de aprendizaje y calidad educativa, me encuentro con que los grupos que tienen su única sesión semanal en esas franjas de 45 minutos,
pierden el 25% de carga lectiva, o lo que es lo mismo: la cuarta parte del tiempo que le correspondería. Y todo esto con el beneplácito de la Inspección Educativa que no pasa un horario cuando a las matemáticas o a la lengua castellana les faltan 15 minutos (un 5% o un 6% de la carga lectiva semanal, respectivamente). Claro que cuando además oyes que a la hora de confeccionar los horarios se ha tenido en cuenta que
las asignaturas importantes se desarrollen en horas completas y en las sesiones de menor fatiga (primeras horas de la mañana) hasta donde sea posible me entra un
nosequé por
nosédónde y me dan ganas de buscar otro trabajo, pero no: levanto la mano y comienzo mi exposición por un breve resumen de lo dicho: "ya sé que la asignatura que imparto no es importante..." se alza un murmullo de desaprobación: no, no... Y yo digo sí, sí. A las pruebas me remito.
Por cierto, se me olvidaba: soy maestro de música (y vengo de Marte)
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